Una servidora trabaja en Chueca, barrio céntrico de la capital y zona conocida de juerga nocturna.
Desde hace un tiempo vengo observando que el barrio está sucio, que las aceras que pusieron nuevas el año pasado con los dineros del Plan E tienen sospechosos lamparones y que cualquier esquinazo, chaflán, portal o andamio desprende un asqueroso tufillo a pis.
Y si, ya se que la gente sale de noche, que los jueves son los viernes, que beben y que mean por cualquier lado, todo eso lo se, pero eso no es nuevo, en cambio el olorcillo si.
El problema radica en que nuestro Faraón Gallardón, pese haber impuesto una tasa de basura injusta y a mi juicio ilegal, ha reducido el presupuesto en limpieza de la ciudad y por tanto se limpia menos, no se baldean las calles, ¿recordáis alguno haber visto un limpiador con una maguera o uno de esos preciosos camiones que riegan y pasan el cepillo ultimamente? NO. Bueno, salvo que alguno de vosotros, lectores míos, vivais en Serrano, pero me pega a mí que no.
Y aunque el olor a pis es molesto e insálubre, hay problemas reales con esta reducción de la calidad del servicio que nos impone Ruín Gallardón como por ejemplo que no haya campaña de recogida de la hoja, armas de destrucción masiva en el suelo, sobre todo si llueve.
En estos días numerosos madrileños, sobre todo personas mayores, han sufrido resbalones y caídas por las hojas mojadas en el suelo, otros han metido el pie en hoyos agazapados tras el manto de hojas…
Que los ciudadanos de Madrid, que son de los que más impuestos pagan de España, que tienen un Alcalde que ha multiplicado hasta el infinito impuestos y tasas, no reciban nada a cambio clama al cielo.
Que el dinero que recauda el Ayuntamiento de Madrid se destine a fastos y boatos, a cortinas para el Palacio de Napoleón Gallardón, a convertir el Manzanares en un río como el Sena en contra de todas las leyes de la naturaleza y de la climatología del centro de la Península, a la madre de todas las obras, la M-30 y no se utilice en mejorar la calidad de vida de los ciudadanos de la capital ES UNA VERGUENZA.
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