Anoche, con la rabia del momento, os anuncié que la entrada de hoy se iba a titular: «Qué asco me dais». Hoy, tras respirar hondo varias veces os anuncio que no voy a decirlo…
Muchos de vosotros pensasteis que el título estaba dirigido al Partido Popular, ya os aclaro que vais muy desencaminados.
Dice mi abuela, una mujer sabia, que se puede faltar a bodas y bautizos, pero que hay que acudir siempre a los funerales. Que para la juerga es fácil apuntarse, pero que los amigos de verdad se ven en los momentos de dolor.
Anoche, en la sede de Callao se puso de manifiesto lo que mi abuela sabiamente me enseñó, que para la victoria se apunta hasta el gato, hasta los que no remaron para conseguirla, hasta los que se pusieron de canto. En cambio, en la derrota, las ratas abandonan el barco y quedamos unos cuantos decentes, valientes, leales, coherentes…
Anoche, en el minuto uno ya había compañeros afilando cuchillos con la siniestra sonrisa en los labios. Compañeros que no merecen llamarse compañeros y que hacen de un desastre sin precedentes en nuestro amado partido una oportunidad de medrar. Gentes que caminan y van apestando la tierra…
No voy a decirlo, no, aunque lo piense, hoy es mejor ponerse el mono y trabajar, trabajar y trabajar.
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