Desde que el domingo por la noche perdimos las elecciones municipales y autonómicas de manera contundente y generalizada, incluso en aquellos feudos que parecían inexpugnables, yo no entiendo nada.
Desde que los ciudadanos españoles mejor formados de la historia de la democracia no distinguen lo que es un voto de castigo al Gobierno de España con la elección de sus alcaldes y Presidentes autonómicos, aquellos que les arreglan las calles, la residencia del abuelo, los libros de los chavales o les organizan las fiestas del pueblo, yo ya no entiendo nada.
Desde que al día siguiente de la sangrante derrota, mi partido, un partido con 132 años de historia apareció noqueado, diluido, desaparecido, con un Gobierno parapetado detrás del Presidente al que echarle todas las culpas, con unos Presidentes autonómicos que ya no van a serlo más desencajados que nunca, con unas estructuras orgánicas en el mutismo más absoluto, yo no entiendo nada.
Desde que el Presidente del Gobierno, el Secretario General de mi Partido, pasó de ser un héroe que con su renuncia nos elevaba todos a las alturas y no absolvía de nuestros pecados a ser el causante de todos los males del mundo y cualquier mindundi se cree con autoridad para criticarle, yo no entiendo nada.
Desde que aquella que era la gran esperanza blanca, la primera mujer que iba a ser Secretaria General de los Socialistas españoles y futurible Presidenta del Gobierno da ruedas de prensa con lágrimas en los ojos para anunciar que no se presenta a las Primarias porque un ente abstracto y malvado poder pone en riesgo la estabilidad del Gobierno, yo no entiendo nada.
Desde que Zapatero anuncia un miércoles que habrá Primarias y luego el viernes reúne a los varones barones del partido para anunciar que Rubalcaba es su candidato, el mejor candidato, la madre de todos los candidatos y que por eso es preferible que ninguno se postule a las Primarias. Total la militancia qué sabe, mejor ya le damos nosotros todo bien masticado y ellos a aplaudir en los mítines, pegar carteles y contar votos en las urnas (cada vez menos, eso si), yo ya no entiendo nada.
Desde que nos dotamos de un mecanismo democrático y de transparencia interna como son las Primarias para luego dinamitarlo a conciencia, desde aquellas míticas entre Almunia y Borrell, pasando por el escándalo de este verano en Madrid con un Tomás Gómez perseguido y maltratado por todo el Consejo de Ministros para que se rindiera en favor de la entonces Ministra de Sanidad, Trinidad Jiménez, yo ya no entiendo nada.
Vaya por adelantado que José Luis Rodríguez Zapatero me parece un Presidente del Gobierno valiente que ha protagonizado los años más bonitos de derechos y libertades sociales que se han conocido en España, que Alfredo Pérez Rubalcaba es el político español en activo con mejor carisma, dialéctica y que nos ha regalado los momentos de gloria más brillantes del Congreso y Senado español y que hoy, ayer, mañana y siempre yo seré socialista, de unos días a esta parte, YO NO ENTIENDO NADA.
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