Uno de los mandamientos que dios le dictó a Moisés en sus tablas fue «no matarás». Desde entonces y en nombre de ese dios se han cometido las mayores barbaries de la humanidad.
Ayer en Noruega, uno de los países más tranquilos y seguro del mundo, un joven de 32 años que se define a sí mismo como ultra cristiano, asesinó al menos a 91 personas.
Primero puso un coche bomba en Oslo en las oficinas gubernamentales con el objetivo de asesinar al primer ministro socialdemocrata que causó la muerte de 7 ciudadanos.
Dos horas después llegó a la isla de Utoya donde se encontraba un campamento de verano de los jóvenes socialdemocratas y asesinó a sangre fría a 84 chavales. 84 adolescentes convencidos de que se puede conseguir un mundo mejor. 84 espíritus buenos que soñaban con dedicar su vida a los demás. 84 gritos de dolor en mi alma.
Cuando el objetivo somos los socialistas, la izquierda europea. Cuando puedes morir por tus ideas. Cuando basta que desde algún púlpito, tribuna o atril te pinten una diana en tú pecho por lo que piensas para provocar tú ejecución. Ha llegado la hora de decir basta.
Basta de tolerancia con las declaraciones enloquecidas que incitan al odio. Basta de silencios responsables en aras a la convivencia. Basta de complejos de la izquierda por recordar a los nuestros, a los asesinados por los fascistas por defender la democracia. Basta de mirar con recelo a los magníficos años para la libertad que fue la República. Basta de permitir a la Iglesia sus injerencias en la política. ¡Basta!
En memoria de los asesinados ayer en Noruega. Descansad en paz compañeros.
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