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Duele

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Aunque ya han pasado varios días seguimos conmocionados por todo lo sucedido el pasado viernes en Noruega.

Da igual si la cifra de muertos ha descendido porque la policía noruega deja mucho que desear. Si esto pasa en España pedimos la dimisión hasta del padre del Ministro del Interior.

Da igual si el asesino actuó solo o se monta una conspiranoia al más puro estilo Pedro Jeta. Era un ultra derechista, ultra católico, racista, xenófobo y demás atributos que le harían contertulio de excepción en Intereconomía.

Da igual si algunos de la caverna española pretenden diferenciar entre Laboristas noruegos, socialdemócratas por definición, y socialistas españoles. Son compañeros, hermanos ideológicos  y sentimos su dolor como nuestro.

Da igual si los palmeros mediáticos de PP quieren presentarle como masón o disimular que el objetivo era la izquierda. No es un pobre loco que comete un hecho aislado, es una forma de vida: la educación en el odio al diferente, la intolerancia mamada desde la cuna, la soberbia de sentirse superior.

Solo hay una cosa importante, solo una que me parte el alma y son las vidas truncadas cuando apenas habían empezado a florecer. Desperdicio absurdo de talento, amor, valentía, compromiso…

¿Alguien puede consolar a este padre que estaba hablando con su hijo por teléfono y que le escuchó decir estas palabras antes de morir? “Papá, papá, están disparando, tengo que correr….”

PD OS DEJO AQUÍ EL ENLACE A MI PRIMERA COLABORACIÓN EN EL DIARIO PROGRESISTA QUE ESPERO SEA FRUCTIFERA:  No me echan por morosa, sino por pobre.

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Acerca de martuniki

Abogada. Técnico en Prevención. Tertuliana. Bloguera. Incordio en redes sociales. Junta letras.

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  1. Livia Castillo

    No les olvidamos. Les cortaron el futuro los guerra-civilistas, los que guardan en el calor del hogar el odio ancestral al diferente, los que siembran tempestades, los que miran para otro lado. Hoy más que nunca a favor de la paz, de la multicuturalidad, de la solidaridad y el compromiso.

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  2. Ando liado, sere breve:

    No, no es un loco. Es algo bien distinto y hasta peor. Los locos son enfermos mentales. Este es un fanático y canalla, además de criminal. El fanático no atiende a razones, da igual sea fanático religioso, político, racial o futbolero, que de esos tambien hay. No confundir nunca a un loco con un criminal, pues podemos acabar tratando como criminales a los locos, y a los criminales como a locos.

    Nunca hago matices. Son victimas y me duelen todas las victimas.”Homo sum, humani nihil a me alienum puto”.

    Mejor dejo un silencio doliente. Por ellos y por el dolor que me causan las disputas por este horror.

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  3. Miguel Veyrat

    Sobre todo que sirva lo que ha pasado para eliminar entre nosotros el fácil “instant racism” por el color de la piel… Como a mí, que me entran ahora escalofríos cuando me cruzo en la playa con un nórdico “alto, rubio y de ojos verdes”: ¿En qué estará pensando ante el hombre ibérico? Tan bajito, moreno… Aparentemente avieso, tan mezclado con judíos, celtas, árabes, romanos, atlantes, fenicios, griegos. Pero sobre todo “mezclados”. A los godos no los cuento, en sus distintas presencias: están entre nosotros y miles aún se sienten “arios”, lo que significa…

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  4. Juan Pedro Esteve García

    El noruego este no ha inventado nada nuevo. Mucha de la base doctrinal que ha usado para justificar sus salvajadas está sacada del Unabomber, pero también de las tesis de Oriana Fallaci y de su teoría conspiracionista de Eurabia, que puede resumirse en “que vienen los moros” como hace setenta años usaban el “que vienen los judíos” para meter mideo a la gente. Mientras tanto, en Asia están creciendo regímenes despóticos al estilo de China, que sí pueden ser una amenaza para Occidente, mayor que el Islam, porque tienen más tecnología, y contra ese expansionismo nadie dice nada, porque interesa tener una mano de obra barata que fabrique nuestros ordenadores, teléfonos, etc…

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  5. Juan Pedro Esteve García

    Por otra parte, coincido en que hay que dejar de perder siempre la batalla del lenguaje: no es un loco, ni un desequilibrado, ni un incontrolado. Hay que llamar al pan, pan, y al fascismo, fascismo.

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