El Despotismo Ilustrado es un concepto político que surge en el Siglo XVIII y que se basa en que siendo un sistema político del Antiguo Régimen incluye ideas filosóficas de la Ilustración, según las cuales, las decisiones del hombres son guiadas por la razón.
Una de las máximas del Despotismo Ilustrado es “todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.
En lo que parece una reedición de los postulados de Montesquieu, Rousseau o Voltarire, la dirección federal de mi partido ha decidido convocar una Conferencia Política para hablar del futuro de nuestro partido, pero sin contar con las bases que lo conforman. “Todo para la militancia, pero sin la militancia”.
Por la Federación de Madrid, que tiene unos 18.000 afiliados, se ha invitado a participar en la Conferencia Política de primeros de octubre a 36 compañeros. ¿Cómo piensa nuestro candidato y máximo organizador del encuentro, que la dirección regional elija a 36 de entre 18.000? Es un misterio que no aclara la invitación.
Madrid, en una decisión salomónica que evita agravios comparativos y una lucha estéril entre Agrupaciones, ha decidido enviar a su ejecutiva, como creo que también han hecho otros territorios.
Me sorprende que el candidato que lleva en su eslogan la E de Escuchar, haga todo lo posible por no escuchar a las bases. Primero oponiéndose a un Congreso Federal al que hubieran asistido los delegados democráticamente elegidos en las Agrupaciones. Y ahora, reduciendo al ridículo la participación de los distintos territorios en la Conferencia Política para cercenar el debate.
No tengo nada en contra de los compañeros que conforman las ejecutivas, todo lo contrario, pero ellos ya tienen órganos internos del partido donde manifestar su opinión y generar cambios en las sinergias. Somos los militantes de a pie, los que cada día damos la cara por el partido con familiares, amigos, compañeros de trabajo, los que no tenemos donde expresar nuestra inquietud.
Los militantes no podremos asistir a la Conferencia Política, pero seguro que empezamos a recibir llamadas para defender nuestras siglas en las mesas de votación, para repartir propaganda con la cara del candidato que no quiere escucharnos, para asistir a los mítines como palmeros bien adiestrados… y lo más triste de todo, es que acudiremos prestos a la llamada olvidando los desprecios y apretando los dientes porque lo primero es el Partido.
P.D. Ya adelanto que mañana escribiré sobre crítica, autocrítica, lealtad y otras hierbas.
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