Cada jueves, en la Asamblea de Madrid, el Grupo Parlamentario Popular hace gala de un clasismo, una arrogancia y una falta de modales impropia de unos representantes institucionales de la ciudadanía.
Olvida el gobierno de Esperanza Aguirre que han sido elegidos por los madrileños y madrileñas para gobernarlos a todos, no solo a sus votantes, no solo al ala derecha de la sociedad sino a todo su conjunto y por tanto a ellos se deben.
Sorprende ver a aquellos que tienen en sus manos la tarea de gobierno tratar de ofender al portavoz de los socialistas de Madrid, Tomás Gómez porque el hijo de una familia humilde, de un pueblo del sur de la comunidad no puede ser profesor en la Universidad Carlos III. Y cada semana le afean su pasado como socorrista.
Nada hay de deshonroso en trabajar como socorrista los veranos para poder pagarte los estudios universitarios sabiendo que tus padres se han esforzado durante años para propiciarte una educación. Los pobres solo podemos dejar a nuestros hijos conocimientos y destrezas que les ayuden a conseguir una vida mejor que la nuestra.
Pero claro, cómo explicar eso a doña Esperanza Gil de Biedma, condesa de Murillo que jamás ha conocido la necesidad ni las apreturas. Que nunca ha sentido la angustia de la llegada de una letra sin ahorros suficientes para pagarla. Que no ha tenido que vestir a sus hijos menores con la ropa de los mayores o borrar los libros subrayados por los primeros para su reutilización por los más pequeños.
Cómo tratar de que doña Lucía Figar, flamante Consejera de Educación y Empleo, que hace trampas para tener una chacha filipina que viste más entre las amistades de lujo, vea lo honorable de estudiar y trabajar, entienda que eso es un doble mérito y no un arma arrojadiza en la Asamblea.
Quién puede hacer comprender a Percival (sin tilde) Manglano, de los Manglano de toda la vida que ser hijo de un taxista y una limpiadora de escaleras y llegar a líder de la oposición en Madrid es fruto del sacrificio de padres e hijo, del esfuerzo y del talento y no un insulto en su elitista boca.
Desgraciadamente, después de dos plenos de la Asamblea de Madrid ha quedado claro que el Partido Popular de Esperanza Aguirre aprovechará cada intervención para ofender o tratar de ofender, que ya sabemos que no lo hace quien quiere, sino quien puede, a Tomás Gómez. Poniendo de manifiesto el profundo desprecio que sienten ya no solo hacía el líder de la oposición sino también hacia los más de setecientos mil madrileños que le votaron el pasado 22 de mayo.
La política es el arte, doctrina u opinión referente al Gobierno de los Estados y la actividad de quienes rigen o aspiran a regir los asuntos públicos. Señores del Partido Popular, dejen el clasismo y la arrogancia para sus apasionantes vidas particulares, para sus amigos del alma, para correas, bigotes, albondiguillas y otras hierbas y cuando entren en el Parlamento de Madrid hagan que su comportamiento esté a la altura de las Instituciones que representan.
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