Una de las cosas mejores que le pueden pasar a uno en la vida, es decir lo que piensa y decirlo con mucha gente delante, yo creo en ti, creo en lo que haces, te he visto actuar muchas veces, creo en ti y ten la total certeza de que la inmensa mayoría de los valencianos y la inmensa mayoría de los españoles creen en ti. Y yo siempre estaré detrás de ti o delante o al lado, me es igual, quiero que lo oigan todos en esta plaza, gracias Paco.
Estas fueron las palabras que el que va a ser Presidente del Gobierno de España, Mariano Rajoy le dedicó a Francisco Camps, entonces presidente de la Generalitat Valenciana y hoy sentado en el banquillo de los acusados por delitos de cohecho impropio.
Hoy, en su primer día en el banquillo de los acusados, con jurado popular incluido, nadie ha visto a Mariano Rajoy sentado al lado de Paco, ni delante, ni siquiera detrás porque hoy, mientras queda más que acreditado que Paco era un mentiroso y un aprovechado -como poco- Mariano juraba su flamante cargo como Diputado Nacional y futuro Presidente del Gobierno de España.
Hoy Paco, ese hombre que tenía un amiguito del alma al que quería un huevo porque lo suyo era muy grande ya no tiene amigos en el Partido Popular. Miento, le queda una amiga, la ínclita Rita Barberá, la del bolso de Louis Vuitton, esa si ha estado a su lado en el juicio pero era la excepción que confirma la regla del ostracismo al que le someten los que antes le aclamaban en plazas de toros abarrotadas de borregos.
Este es solo un ejemplo de la trayectoria demencial que ha llevado a Mariano Rajoy a la Moncloa.
Podría recordar también aquí lo de los hilillos de plastilina que salían del Prestige, la mayor catástrofe medioambiental sucedida en España mientras era Ministro de Aznar.
Traer a colación el hecho tan notable de que no entienda su letra al responder a una pregunta sobre sus planes para el futuro de España o aquella infame niña de las chuches en el debate contra Zapatero en el 2008.
En fin, con estos mimbres habrá que construir el cesto del Gobierno que intente sacar a España de la mayor crisis jamás conocida, permitidme que lo dude y que frivolice diciendo: «que dior nos coja confesados».
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