En estos tiempos convulsos en el Partido Socialista Obrero Español uno puede ver hechas realidad las más increíbles y variopintas miserias humanas.
Puede, por ejemplo, verse a uno que nació alcalde pedir que se sea generoso a la hora de dejar la batuta en manos de otros sin ruborizarse y sin el más leve temblor de la voz, pedir para el otro lo que uno no está dispuesto siquiera a pensar para si mismo.
Puede es escucharse a otro que ostentó un cargo público hasta hace muy poco pedir la renovación del partido desde la base, cambiar las Agrupaciones, los Regionales, todo, pero después de aclamar a Rubalcaba como Secretario General in pectore sin que se le escape la risa.
Puede oírse a aquel al que le dimos nuestra confianza por tres veces consecutivas pese a que la primera la traicionara llevando indeseables en su lista arrogarse la dignidad del que dimitió cuando todos vivimos aquella crónica de una muerte anunciada con su protagonista aferrándose a una vida que ya no le pertenecía como una pesadilla.
Incluso puede escucharse al que besaba el suelo por el que pasaba su líder, su maestro, el más fiel de sus lacayos, reivindicar ser la voz más crítica y más a la izquierda del socialismo español, eso sí desde sus amistades peligrosas de copa, puro y toros.
Cosas veredes Sancho, para cambiar de bando algunos harán malabares y pretenderán en un acto de prestidigitación sin paragón convencernos de que siempre estuvieron donde ahora se esconden. Otros defenderán una cosa y la contraria con el mismo ímpetu porque en el fondo defienden lo que siempre han defendido, sus propios intereses personales. Algunos se rasgarán las vestiduras afeando comportamientos que antaño aplaudían y jaleaban en sus amos.
Y así amigos, nos queda tanto que ver en tan poco tiempo que vamos a estar la mar de entretenidos desemascarando impostores que apenas si notaremos el frío del invierno.
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