Despedimos el 2011 con un espectáculo realmente admirable. Algunos compañeros ejecutan una compleja danza en zig zag que les lleva a estar hoy aquí, mañana allá. Poniendo de manifiesto que hoy más que nunca cobra actualidad aquello que decía Marx, Groucho: estos son mis principios pero sí no les gustan, tengo otros.
Los que tenemos la mala costumbre de decir lo que pensamos y sobre todo, pensar lo que decimos somos acusados de traidores, oportunistas o cualquier otra infamia que se les ocurra a estos profesionales del corcho, muy capaces de flotar en las aguas más revueltas.
Por fortuna, en el siglo XXI todo queda en las hemerotecas, los blogs, las redes sociales y la memoria colectiva. Por tanto, estos talentosos del cambio de chaqueta bien por sus propios intereses personales, bien por los de sus colectivos, queda desnudos ante las miradas del resto, expuestos en su suciedad y miseria.
Unos son mayores y les puede su misoginia y anticatalanismo. Otros recuerdan aquellos viejos buenos tiempos de una España con mucha caspa. Algunos son simplemente parásitos, profesionales de vivir del cargo da igual al servicio de qué líder, lo importante es seguir en la brecha.
La militancia asistimos atónitos a este baile osceno: danzad, danzad malditos que la semana que viene acudiremos a nuestras Agrupaciones a debatir ideas, a aportar soluciones y votar a nuestros delegados para que en los distintos congresillos sea la voz de la decencia y la coherencia la que se escuche por el ruido de barones, varones.
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