Hoy quiero sumarme a las miles de felicitaciones que sin duda ninguna habrá recibido nuestro Secretario General, Tomás Gómez por su reelección al frente de los socialistas de Madrid y hacer extensiva esta felicitación a su flamante ejecutiva regional.
Es un orgullo como militante de Madrid que nuestra representación recaiga en tan buenos compañeros y me satisface decir que a la inmensa mayoría de ellos también puedo llamarlos amigos. Gracias por vuestro compromiso y vuestra dedicación. Os deseo lo mejor en esta aventura tan emocionante de recuperar Madrid para la izquierda.
Tomás Gómez es un hombre bueno, en el mejor sentido de la palabra bueno. Un socialista que sabe lo que cuesta labrarse un porvenir. Que ha probado en sus carnes lo que es pasar dificultades en la vida y cuán necesaria es la Educación y la Sanidad Pública para que el hijo de unos emigrantes sea economista y tenga un futuro prometedor.
Además Tomás Gómez es un hombre de palabra, esa palabra que sus padres le enseñaron desde pequeño que es lo más valioso que tiene un hombre. Podéis estar seguros que cuando se compromete, siempre cumple y cada vez son más escasas aquellas personas que dan valor a la palabra dada.
Dice Juan Barranco que tiene un defecto, que es un muy cabezón y es verdad. Si te ofrece su amistad, sabes que tienes un amigo para toda la vida. Alguien en quien confiar que se preocupará por ti y estará a tu lado si lo necesitas. Alguien que no se deja influir por los cantos de sirena que sin duda resuenan en las altas cumbres.
A su lado, grandes socialistas y amigos como Maru Menéndez o Antonio Carmona, dos ejemplos a seguir de vidas comprometidas con los principios y valores que inspiran nuestro Partido y que sin duda le complementan y consiguen que aflore lo mejor de él.
Estáis en buenas manos, estamos en buenas manos y por eso, aprovecho esta felicitación para decir adiós. He cumplido con creces el compromiso moral que me impuse hace casi dos años cuando desde Ferraz pretendieron defenestrar a nuestro Secretario General.
En estos meses he trabajado duro, me he equivocado y he acertado, he disfrutado, he reído y también he llorado mucho. Sin duda he exigido generosidad a los míos para poder dedicarme de día y de noche al proyecto que encarna Tomás, pero ahora ha llegado el tiempo de devolverles parte de lo que les he quitado.
Mi familia, mi marido, mi hija, mis amigos, mi trabajo, mis aficiones y yo misma necesitamos un poco de tiempo y espacio lejos de la batalla política diaria. Ha sido una gozada poner mi escudo junto a los vuestros y por eso nunca os olvidaré, espartanos.
No quiero ponerme melodramática, todo en la vida tiene un tiempo y el mío ha pasado, pero como nunca se sabe qué vendrá mañana, mejor cambió el adiós por un hasta siempre y que sea lo que el destino tenga preparado. ¡A trabajar, a trabajar, a trabajar!
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