En los últimos dos años en los que he participado de la vida política de mi partido desde dentro, trabajando, informándome, enterándome de lo que llaman la fontanería, contando lo que veía y sentía al respecto y sobre todo adquiriendo una experiencia y una visión global que antes no tenía, se ha producido un fenómeno curioso en mi, la caída generalizada de ídolos.
Felipe González, al que yo reverenciaba pero que me ha decepcionado con su frívola manera de hablar de sus años de Presidencia del Gobierno, del Gal y de ETA diciendo sin decir, insinuando sin afirmar como si él estuviera por encima del bien y del mal. Apareciendo hoy como padrino de Chacón, posicionándose mañana junto a la vieja guardia al lado de Rubalcaba. Torciendo la voluntad de algunos delegados al Congreso del PSOE en Sevilla…
Alfonso Guerra, que para mí ha sido un referente en el socialismo español, una voz imprescindible durante años pero que a raíz del duelo Rubalcaba-Chacón se ha desvelado como un anti catalanista y un misógino recalcitrante que no dudó en apartar una enemistad de décadas con Felipe para unirse a la caza de delegados chaconistas a los que convencer de que cambiaran su voto. Ay Alfonso que yo leía tus memorias como el que lee la Biblia y ahora…
Juan Carlos Rodríguez Ibarra, cuya afilada lengua pero aceradas reflexiones eran bebidas por mí con mucha atención y se ha unido al grupo de dinosaurios machistas y sobre todo, anti catalanistas que han preferido esconder la cabeza debajo del ala de lo más caduco del socialismo de la Transición en lugar de abrir las puertas y ventanas de Ferraz para que entrara el aire fresco.
Alfredo Pérez Rubalcaba, jamás unas intervenciones parlamentarias me gustaron más que las de Guerra y Rubalcaba. Esos memorables momentos sacudiéndole a Cosidó, esas réplicas agudas y afiladas eran un espejo en el que mirarme. La gestión que hizo de los últimos días de las elecciones de 2004 nos dieron sin duda la victoria: “los españoles merecemos un Gobierno que no nos mienta”. Pero hoy, casi 8 años después veo cómo se ha comportado en lo interno, recuerdo aquellas amenazas a Tomás Gómez en 2010, la pelotera de hace unos días en las listas de Sevilla, el uso de lo interno en su provecho sin medir cuanto daño hacen según qué cosas en lo externo y de me decepciono.
Joaquín Leguina que pudo ser el hombre que nos salvara de la vergüenza del 2003 y que por no dejarle se ha ido volviendo huraño, resentido y anti todo, por lo que en lugar de profundas reflexiones ha empezado a repartir mandobles a diestro y siniestro sin distinguir amigos de enemigos, ni valorar consecuencias externas de sus acciones.
Creo que esto que me ha pasado forma parte del proceso de crecer, de madurar, de la pérdida de la inocencia y la comprensión de que aquellos que nos inspiran, que nos guían y que marcan una referencia en nuestras vidas, en realidad son tan humanos como nosotros y comparten nuestras miserias. Lo que sucede es que el foco está tan lejos que apenas se aprecian pero cuando acercas la lente estas surgen con toda su aterradora crudeza.
No crean por ello que he dejado de creer, de confiar sino todo lo contrario, que un líder sea humano, tenga defectos y manías como cada uno de nosotros, que esté sujeto a sus instintos, a sus miedos, a sus pasiones como ustedes o como yo, no lo hace peor sino todo lo contrario. Cómo van a solucionar los problemas de la gente sino son como el resto de la gente. Cómo van a saber qué sienten sus conciudadanos si no sienten como ellos.
Que no sean dioses los hace a mis ojos aún más atractivos aunque de un poco de miedo asomarse al abismo de sus almas mortales.
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