Apenas si lleva unos días en vigor la Reforma Laboral y a mi alrededor se suceden las anécdotas laborales caracterizadas por una situación común a todas ellas, la humillación.
Un amigo que me llama para contarme que después de dos años con contratos temporales en su empresa le tocaba que le hicieran fijo pero que le han propuesto contratarle nuevamente con otro CIF del grupo para volver a empezar con contratos de seis meses.
Con la voz entrecortada pregunta: ¿Martu, qué hago?, como abogado se que podemos ir a pleito y se que lo vamos a ganar y también se que al día siguiente se va a ir a la calle con una mano delante y otra detrás gracias a la Reforma Laboral, así que me guardo mis arengas sindicales, me como los cinco años de carrera, el Estatuto de los Trabajadores, la militancia socialista y todo lo bueno y decente que conozco y le recomiendo: «aguanta, traga, firma y respira hondo que ya vendrán tiempos mejores.»
Otra amiga me cuenta que su jefe la humilla, la ningunea, no le da tarea, la acusa de ser una vaga, en fin, un retrato claro del moobing. Mi amiga duerme mal por las noches, odia su trabajo y su salud se está viendo afectada pero cobra un buen salario del que viven ella y su hijo de 14 años, porque mi amiga está divorciada y saca adelante su familia con escasa ayuda de su ex. Cuando me dice si llevamos a su empresa al Juzgado, trago saliva y niego, niego como Pedro a Jesús, niego y reniego de mis principios porque se que mi amiga necesita su sueldo.
Otro buen amigo me enseña su correo electrónico, la empresa le ha enviado un mensaje explicando que si un trabajador quiere hacer huelga está en su derecho pero que tiene que comunicarlo a la empresa para que le descuenten el día de salario y le recuerdan muy educadamente que el contrato laboral queda en suspenso ese día y que la empresa no tiene obligación de cotizar a la Seguridad Social. Me confiesa mi amigo que ha firmado hace poco, que no se atreve a jugársela, que acaban de contratarle y que aunque ese correo es una provocación pues que se la tiene que envainar. Yo callo y otorgo.
Y así podría llenar cientos de líneas, miles de líneas, millones de líneas, tantos como asalariados hay en España. Tantos como trabajadores que saben que a partir de ahora vienen tiempos de humillación de la mano del Gobierno de Mariano Rajoy.
Compañeros todos, trabajadores y trabajadoras de España, nacionales y llegados de lejos, por cuenta ajena o autónomos, indefinidos y temporales, funcionarios, damnificados todos por esta injusta e ineficaz Reforma Laboral, no podemos ceder al chantaje del miedo, no podemos arrugarnos porque el futuro sea oscuro ya que está en juego que sea aún peor.
El jueves 29 de marzo tenemos una cita con la historia y no podemos faltar. De la decisión que tomemos depende no solo nuestro porvenir sino también el de nuestros hijos y el de nuestros nietos.
Estamos ante un cambio sin precedentes de las relaciones laborales que solo nos traerá miseria, inseguridad y humillación, no lo consintamos. ¡El 29 de marzo, todos a la Huelga General!
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