Hoy pensaba contaros que ayer asistí a un curso que organizó el Partido Socialista de Madrid sobre cibermilitancia o activismo en red, un curso al que me apunté porque eso es lo que hago a diario, aquí, en este MartuBlog que me sirve de terapia o en mi muro del face o, sobre todo, en twitter.
Pensaba contaros que me sorprendió que el curso lo impartiera Ana Aldea, que es una profesional de esto que llaman lo 2.0, pero que por su posición crítica con el PSM en general y de manera exacerbada con nuestro Secretario General, Tomás Gómez, no parecían ser las más adecuada para guiar a los militantes del Psm en su activismo en la red.
Pensaba lamentar la mala costumbre que tiene esta organización nuestra de tratar por igual, sino peor, a los propios que a los ajenos, a los leales que a los desleales, a los aliados que a los contrarios. Pensaba…
Pero al salir del curso me fui al concierto benéfico, a favor de la Fundación Vicente Ferrer que dio BEBE en el Hard Rock Café. La recaudación iba íntegra a ayudar a los más desfavorecidos de la tierra, los intocables, en Anantapur, India.
Entonces me entraron ganas de escribiros sobre esta mujer generosa y comprometida, sobre una sonrisa sincera y unos ojos brillantes de emoción que cantaron sobre el amor y la vida, el desengaño, la ilusión, la rabia y el dolor. Y que lo hicieron desinteresadamente para contribuir a mejorar la vida de otros, unos que están muy lejos y que están muy solos.
Me entraron ganas de contaros que con solo 18€ al mes podéis apadrinar una niña, como Kalavathi, nuestra niña, que está en 4º curso y nos cuenta en su última carta que va cada día a la escuela y que estudia mucho y que también ayuda a su madre en la casa.
Nos cuenta que sus padres son jornaleros y que cultivan garbanzos en su campo. Y que se ha casado su tía y para la boda su madre le compró ropa nueva. Y todo este pequeño milagro es gracias a la labor de un hombre bueno, Vicente Ferrer y a 18 miserables euros que yo entrego cada mes.
Así que hoy levanto la vista del partido, de Madrid, de España y hasta de Europa. No quiero escribir sobre decepciones superficiales, rencillas y traiciones. No tengo ganas de administrar mi pedazo de miseria. Estoy cansada de mirarme el ombligo, de miraros al ombligo.
Hoy quiero guardar en la piel el escalofrío que sentí anoche al escuchar a Bebé cantarme con una sonrisa que enamora en los labios pero con la emoción de una pena profunda en los ojos:
Ahora no estás aquí.
Ahora no estoy aquí.
Pero el silencio es la más elocuente forma de mentir.
En tu silencio habita el mío.
Y en alguna una parte de mi cuerpo habitó un trozo de tu olor.
Y en alguna parte de mis ojos habitó un trozo de dolor.
Ahora estás aquí.
Ahora estoy aquí.
Abrázame para que piense alguna vez en ti.
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