Una de las discusiones más entretenidas que se dan cuando hablo de estrategias en la red con compañeros de partido, profesionales de lo 2.0, gurús y demás, es sobre la conveniencia o no de alimentar a los trolls, de contestarles o ignorarles.
Aclaro, por si hay entre mis lectores algún no iniciado en la jerga de las redes sociales, que un troll es un toca pelotas profesional, un perfil que se dedica a insultar, agredir, atacar, vituperar, vilipendiar y demás actitudes belicosas que se os ocurran.
Hay trolls aficionados, que te persiguen por la red por deporte y que además de ser unos inadaptados sociales, son cansinos a más no poder. Y luego hay unos trolls profesionales, incluso bien pagados por algún partido político de cuyo nombre no quiero acordarme, pero empieza por P y sigue por P, cuyo curro consiste en machacar a nuestro líder de turno.
La postura dominante entre el gurusismo es que lo mejor es no alimentar a los trolls, que esta gente es inasequible al desaliento y que si te metes en su terreno te ganarán seguro. Aquello de nunca discutas con un imbécil, te hará descender a su nivel y allí te ganará por experiencia.
He de reconocer que para el caso de los trolls personales, estos que faltan y ofenden porque sí, suelo compartir esta teoría, los bloqueo y punto, sin más. Pero, discrepo en el caso de los trolls profesionales o políticos.
Desde la derecha se está organizando un ejército bien definido de agresores, acosadores, faltones profesionales con un objetivo claro, desprestigiar la imagen de los líderes del Psoe, en nuestro caso, la de Tomás Gómez.
No es difícil tenerlos localizados, cumplen rigurosamente con el horario que se les asigna y acuden a toque de pito cuando su lideresa recibe una lección en el Pleno de la Asamblea de Madrid, como sucede cada jueves o cuando uno de los nuestros aparece de manera brillante en algún medio de comunicación.
En este caso, la callada por respuesta solo sirve para dar la sensación de que lo que dicen es verdad, de que tenemos razones para avergonzarnos, para callar y otorgar y no, conmigo no contéis para poner la otra mejilla. No comenzaré ninguna pelea, pero tengo el firme propósito de terminarlas todas. No tiraré la primera piedra, pero si puedo, tened por seguro que tiraré la última.
No hay honor en esta batalla porque el adversario, el Partido Popular, no respeta las reglas del juego democrático, no tiene límites en sus ataques a las instituciones, al Partido Socialista y sobre todo a los socialistas de Madrid. Nos odian, quieren exterminarnos, política, social, económica y muchos de los suyos, físicamente, a las pruebas en la red me remito.
Venderé caro mi pellejo porque es el único que tengo. Cerraré filas en torno a los míos porque para eso he elegido formar parte de este Partido. No dejaré a nadie atrás. No miraré hacia otro lado. No haré como que no va conmigo. Si tocáis a uno de los míos me encontraréis siempre a su lado. He elegido ser Jacob…
Replica a Mateo Cancelar la respuesta