El 7 de agosto de 2010, hoy hace dos años, estaba de vacaciones con mi familia en Tenerife, concretamente visitando los acantilados de Masca y a través de las redes sociales me enteré de la encerrona a Tomás Gómez por parte de Zapatero, en la Moncloa.
Hasta ese momento no había prestado mucha atención a Gómez, fundamentalmente porque en 2007 avalé y apoyé a José Carmelo Cepeda como Secretario General del Partido Socialista de Madrid frente a Tomás Gómez.
Hubo tres razones para este apoyo: la primera es que siempre he sido guerrista y Cepeda era el delfín de Acosta, cara visible del guerrismo en Madrid. La segunda fue por lealtad a mi agrupación, Chamartín siempre ha sido guerrista y yo siempre he sido fiel a los míos. La tercera era una cuestión de coherencia, he defendido hasta quedarme sin voz la independencia del PSM para tomar sus propias decisiones, incluso equivocarse, con respecto a Ferraz. En 2007 Tomás Gómez fue una apuesta personal de Zapatero y Pepe Blanco y no una decisión de los socialistas de Madrid.
Fue la vergonzante forma de conducirse de José Luis, llamando al Secretario General de los Socialistas de Madrid, ya ganador de dos Congresos, uno extraordinario, otro ordinario, para pedirle que se apartara y dejara que una paracaidista profesional como Trinidad Jiménez, volviera a ser cabeza de cartel en una lista en Madrid, la que me hizo reaccionar.
Desde las faldas del Teide, mandé un mensaje a Maru Menéndez, compañera y amiga, en esos momentos Portavoz de los socialistas de Madrid en la Asamblea, poniéndome a su disposición y a la de Gómez para lo que fuera menester.
Luego de meditar un rato caí en la cuenta de que ni siquiera había preguntado al Secretario General de mi Agrupación dónde nos íbamos a posicionar nosotros como tal y le llamé. Afortunadamente la coherencia es algo que nos caracteriza a muchos y ellos también consideraban un ultraje las intenciones de Ferraz.
Unos días después, el 12 de agosto, aterrizamos en Madrid y lo primero que hicimos fue presentarnos en la caseta socialista de Leganés para escenificar nuestro apoyo, que este partido nuestro es muy de gestos. No imaginábamos la aventura tan apasionante y agotadora que iniciábamos con esa primera foto con Tomás Gómez.
Ese verano iniciamos una ruta por todos los pueblos de Madrid en fiesta, de caseta en caseta, de Agrupación en Agrupación, de verbena en verbena, en pos de Tomás, peleando cada aval, cada voto, cada sonrisa y cada abrazo, hasta lograr reunir más de 6.000 avales y ganarle la partida a todo el aparato de Ferraz, entonces en el Gobierno, con sus Ministerios, sus teléfonos y sus ofertas varias.
La noche del 3 de octubre, ganamos las primarias, digo ganamos porque aunque el que las ganó fue Tomás Gómez, los socialistas de Madrid también resultamos victoriosos. Recuperamos nuestra independencia, el orgullo de nuestra Federación y la fe en que se puede.
Desde entonces han pasado tantas cosas, muchas buenas, muchas malas, ha habido risas y desde luego ha habido lágrimas. Hemos pasado numerosos procesos internos en los que nos hemos dejado un poco de cada uno de nosotros pese a resultar siempre victoriosos. Hemos padecido los peores resultados electorales del socialismo español en medio de la madre de todas las crisis y hemos sobrevivido, aún más fuertes.
Ahora, dos años después, se que no me equivoqué al apostar por Tomás Gómez desde los acantilados de Masca. Un Tomás Gómez que no es perfecto, que tiene sus luces y sus sombras, como cada uno de nosotros, pero que representa la voz más a la izquierda de mi Partido, la vanguardia en cuanto a propuestas socialdemócratas y que ha hecho que los socialistas de Madrid seamos respetados, dentro y fuera de nuestro Partido.
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