Ayer, una desafortunada frase de la ex ministra socialista, María Antonia Trujillo en twitter, afirmando que el que tuviera una deuda, que la pagase, desataron las iras de los internautas y dieron para debatir durante horas sobre el asunto.
Reafirmando que lo que dijo Trujillo me parece una barbaridad, quiero también dejar claro que ni todos los hipotecados son unas pobres víctimas del sistema bancario, ni todos los desahucios iguales, ni por tanto, hay una única solución justa a este dilema.
Son muchos los amigos que me han dicho que no me meta en este fangal, que la gente está muy mediatizada con el tema y que, aunque saben que tengo razón en diferenciar unas situaciones de otras, el blog se va a convertir en una batalla campal.
Como nunca he sido de rehuir una buena batalla dialéctica, voy a hacer lo que siempre hago, mojarme, ser honesta con mis principios y valores y exponéroslos sin ambages, eso si, espero la misma lealtad en los comentarios. Solo entre todos encontraremos una salida a este laberinto humano.
Lo primero es dejar claro que la dación en pago no es la solución a todos los males, en la mayoría de los casos es injusta para el hipotecado que ya ha pagado gran parte de su deuda y se va con las manos vacías. En otros casos supone poner en la calle a una familia que si no paga su hipoteca es porque no puede y difícilmente va a encontrar un alquiler. Y además, de manera generalizada y no ponderada supondría la ruina de los balances bancarios.
Por tanto dación en pago como parte de una nueva Ley Hipotecaria, una reforma sobre los desahucios, mayor discrecionalidad judicial para aplicar la norma valorando las circunstancias personales de cada caso, alquileres sociales, parque de vivienda a precios asequibles, si. Pero como “la solución” sin más, no gracias.
Otro punto hartamente debatido anoche fue si el que firmaba una hipoteca lo hacía engañado por el banco o sabía bien dónde se metía, y aquí volvemos a tener que discriminar por casos:
– gente humilde que avalaba a sus hijos para que se compraran un piso no imaginaban que eso ponía en riesgo su vivienda de toda la vida, ellos solo ayudaban a los suyos, que es lo que hace un buen padre de familia.
– listos que iban al banco a ampliar la hipoteca para comprarse un Mercedes, para reformar la casa y comprar buenos muebles, para irse con la parienta al Caribe. O esos mismos listos que cuando el director del banco les decía, te doy 5 kilos más para el cochazo, no decía, no gracias majo, que luego te lo tengo que devolver con intereses.
– gente humilde que se compraba una vivienda razonable en la que criar a sus hijos, desarrollar su proyecto de vida, cuya hipoteca era una parte de los ingresos familiares y que hoy ven a todos los integrantes de la familia en paro y no alcanzan a pagar las cuotas bancarias.
– listos que vivían en un piso casi pagado, cómodamente, pero consideraban que ellos merecían un chalet, con jardín y piscina porque no eran unos pobretones y se metían en hipotecas archimillonarias o en la trampa mortal de las hipotecas puente.
Mientras algunos especulaban con el ladrillo, invertían en casas, se compraban un apartamento en la playa, conducían cochazos y veraneaban por el mundo, otros decidíamos que 240.000€ eran 40 millones de pesetas, por lo que de comprar por ese precio nada y nos pasábamos 10 años de alquiler, eso si, oyendo la cantinela de: “eres tonta, estás tirando el dinero”.
Es lo mismo que ocurre ahora con la gente que abandonó los estudios para irse a ganar 2.000 o 3.000 € en la construcción y que venían a la puerta de la facultad con sus bólidos tuneados a reírse de los pringados que invertíamos tiempo y dinero en nuestro formación para el futuro. ¿Es un drama una generación de gente sin estudios y sin trabajo ni miras de tenerlo? Si. ¿Sería justo rescatarlos a ellos y no a los que dedicaron su esfuerzo, económico y humano a estudiar y también están en paro? Vosotros veréis.
Sé que lo fácil es decir que los Bancos son unos cabrones, que lo son y con eso todo solucionado, pero una sociedad que aspira a tener un futuro tiene que reconocer sus errores del pasado, sobre todo para no repetirlos. Cada ciudadano como tal, tiene una serie de derechos, pero también unas responsabilidades y obligaciones de las que muchos hicieron dejación en los tiempos de bonanza.
En este país somos muy dados a socializar las pérdidas cuando durante años cada uno ha disfrutado de las ganancias a título particular. Busquemos una solución al drama de los desahucios que contemple la realidad desde todos los ángulos y que sea justa, proporcionada, leal con todos los ciudadanos y que no deje a nadie atrás. Juntos, podremos.
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