Hoy, el Partido Socialista Obrero Español, le ha rendido un sentido y sincero a Felipe González en el 30 aniversario de su toma de posesión como primer Presidente socialista de la democracia española. Un sentido y sincero homenaje al que han asistido 40 ex ministros socialistas, exceptuando el fallecido Ernest LLuch y todo el que pinta o ha pintado algo en nuestro Partido.
Yo no he ido, y no porque la figura de Felipe González no me resulte atractiva, aún recuerdo el 28 de octubre del 82 cuando ganó las elecciones, pese a tener solo 10 años, la alegría fue inmensa y la fiesta en mi casa de órdago. No he ido porque no me parece oportuno el momento, en plena crisis del socialismo, con una sociedad que nos da la espalda. Sacar a González parece un intento desesperado por recuperar aquel tiempo en que los socialistas éramos queridos y respetados por los ciudadanos, y las cosas, queridos míos, no funcionan así.
Por no ir al homenaje de marras me he ganado los más selectos insultos y reproches de mis compañeros oficialistas para los que todo lo que no sea aplaudir enfervorecidos al líder es una deslealtad rayana con el crimen más abyecto que podáis imaginar. Podéis intuir lo poco que me importa no estar a la altura del concepto de buen militante que tienen algunos.
Ya os adelanto que mi problema no es Rubalcaba, al que elegimos en un Congreso en Sevilla con las reglas de juego que entonces teníamos y que aunque yo no comparto, son las que son y por tanto su victoria es legítima. Lo digo para que no me deis más la vara con que mi problema es que no me guste el ganador del Congreso, lo que no me gusta es lo que ocurrió en el famoso Congreso.
No me gusta que se aplazara el debate estatutario a una Conferencia de Organización que había de celebrarse antes de un año (5 de febrero de 2013) y que ya nos han dicho que no va a ser sino hasta el verano y que de Organización nada, que será político ideológica…
No me gusta que se tiraran a la basura miles de enmiendas a la Ponencia Marco de Estatutos, trabajadas en las agrupaciones durante semanas, por los militantes de base, los que cada día hacen Partido, anónimos, no remunerados y leales hasta la fatiga.
No me gusta que una vez elegido el Secretario General, muchos de los ganadores se fueran a celebrarlo olvidando que habían sido votados por sus compañeros para ser delegados en el Congreso, en todo el Congreso y no solo para votar a un líder.
No me gusta escuchar al que un día fue Secretario General de todos los socialistas y Presidente del gobierno de España, que los chavales (refiriéndose a los militantes) deben flagelarse menos y trabajar más. ¿Más, compañero Isidoro? ¿Te parece poco, abrir y cerrar sedes aunque te ataquen estando ellas, hacer caravanas electorales aunque te apedreen a ti y a tu coche por ser socialista, repartir propaganda electoral entre insultos y amenazas, contar votos, eso si, cada vez menos, entre las burlas de los peperos hasta altas horas de la noche electoral, acudir a mitines y actos como el que hoy se ha realizado en tu gloria…?
No me gusta que se entienda la crítica como deslealtad, nada hay peor que aquellos que adulan y aplauden al líder aún a sabiendas de que se equivoca por no perder su lugar entre los elegidos, o lo que es peor, por estar cerca del poder el día que ese líder se estrelle y poder apuntarse a las migajas de su herencia.
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