Después de los resultados del 20 de diciembre, lo que está claro es que desde el partido de Pablo Iglesias, pueden, pero no quieren conformar una mayoría de progreso en España junto al Partido Socialista Obrero Español.
Pueden porque los 42 diputados de Podemos, más los 9 de Compromís en Valencia, más los 12 de Ada Colau en Catalunya, más los 6 de En Marea en Galicia, junto con los 90 del PSOE y, seguramente, los 2 de lo que era IU, suman una mayoría más que suficiente para intentar sacar adelante las reformas sociales que necesitan los que más sufren, luchar por devolver los derechos y libertades perdidos a los ciudadanos españoles y tratar de cambiar el sistema electoral en busca de uno más justo y proporcional.
Pero no quieren porque algunos de los que configuran Podemos tienen como primer y único objetivo conseguir que haya referéndums de autodeterminación, no solo de los catalanes, sino de todos y cada uno de los pueblos de España que lo consideren, así lo ha expresado En Marea y también Barcelona en Común.
Y no quieren porque Pablo Iglesias y su núcleo duro están convencidos de que si se repiten las elecciones concurrirán a las mismas junto con los restos de IU, lo que les dará un aporte de votos y diputados extra. Y creen también que en unos nuevos comicios, con el PSOE presentando el mismo candidato, recibirán otros cientos de miles de votos socialistas con los que, sin duda, quedarán como segunda fuerza política.
A Podemos no les importa que este escenario de nuevas elecciones le dé al PP una mayoría holgada al recuperar el voto huido a Ciudadanos que volverá al mayoritario por miedo a una victoria de la izquierda. Una mayoría cercana a la absoluta, con la que volver a gobernar y condenarnos a los españoles a cuatro años más de recortes, de precariedad y de sufrimiento de aquellos que les han votado mayoritariamente, los más desfavorecidos.
En este escenario el PSOE tiene una doble tarea, que puede parecer contradictoria, pero que debe resultar complementaria:
- Por una lado debe hacer todo lo que esté en su mano para lograr un acuerdo a sabiendas de que es imposible, porque los ciudadanos tienen que tener claro que nosotros queremos y podemos desalojar a la derecha corrupta de las instituciones nacionales, como ya lo hicimos en las Comunidades Autónomas y Ayuntamientos donde nos fue posible, incluso apoyando, sin contrapartidas, candidatos cercanos a Podemos.
- Por otro lado debemos dejar claro a los ciudadanos que esa mayoría de progreso no se va a lograr porque Podemos no quiere. Porque a Podemos le importa más robarle otro puñado de votos al PSOE que cambiar la vida de sus ciudadanos. Porque Podemos no es un solo partido con sus debates internos y sus ligeras contradicciones, pero con unidad de acción como es el PSOE, sino una amalgama de intereses, voluntades y pareceres que Pablo Iglesias no puede conciliar con los suyos propios.
Creo que al final habrá nuevas elecciones en abril o mayo porque al Partido Popular le conviene, para deshacerse de Ciudadanos y volver a gobernar cómodamente otros cuatro largos años más y porque a Podemos le conviene, para fagocitar a Izquierda Unida y dar el ansiado “sorpaso” al PSOE. Que eso sea lo menos conveniente para los intereses de los españoles, de los votantes que mayoritariamente apostaron por la izquierda, no le preocupa a Podemos, que ya os he dicho que PUEDEN, PERO NO QUIEREN.
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