
El rey de España, a la vista de la desidia, a la falta de interés, y quizás también, a la escasez de apoyos para formar Gobierno de Mariano Rajoy, ha optado por encargarle la tarea de buscar socios que le permitan una mayoría suficiente en la Investidura, al socialista Pedro Sánchez.
Esta decisión, lógica, del rey, ha provocado un cabreo monumental entre las filas populares, diputados y votantes, que lo primero que pone de manifiesto es la escasa cultura democrática que tenemos en este país. Deben saber los ciudadanos, pero sobre todo, los representantes electos, que aquí no “gana” las elecciones el partido más votado sino el que consigue formar gobierno, y que eso no se hace por tener más votos, sino por aunar una mayoría en el Congreso de los Diputados.
Dejado claro que, aunque Mariano Rajoy tuvo más votos que nadie, no reúne los apoyos necesarios para tener una mayoría suficiente en el Congreso, es lógico que el encargo se le haga al siguiente la lista, Sánchez, que le ha dicho al rey que tiene posibilidades de sumar a sus 90 diputados, los de otras formaciones políticas y así alcanzar la tan ansiada mayoría simple en segunda votación.
Hasta aquí lo que me parece lógico, que el rey de por inaugurado el tiempo de pactos con quien de verdad quiere, ya veremos si puede, pactar. Comienzo ahora con lo que me deja estupefacta en estas primeras 24 horas de negociaciones públicas, porque parece que en privado llevan ya bastantes más.
No entiendo cómo el PP, que lleva 40 días sin mover un músculo, acude a tratar de conseguir que la Mesa del Congreso le recorte el plazo de negociación a Sánchez a tan solo 15 días. Tampoco entiendo que Podemos, los que se supone que están más interesados que nadie en conformar un gobierno de progreso con los socialistas, hayan intentado lo mismo que el PP, fijar un plazo muy corto para negociar, lo que, sin duda, dificulta la tarea.
No entiendo que Pablo Iglesias, que dice representar a 69 diputados, 5 millones de votantes, se agarre un mosqueo monumental porque Pedro Sánchez solo le recibirá a él y no a sus confluencias. ¿No comprende el líder podemita que si el socialista recibe a sus confluencias por separado, estaría reconociendo que él solo representa a 42 diputados, un 12% de los votantes, más o menos como Ciudadanos? Porque querido Pablo I, sorber y soplar no es posible a un tiempo, como ya comprendiste cuando no pudiste cumplir la promesa falsa de que tus confluencias tendrían grupo, micrófono y subvención propia, al no haber concurrido por separado a las elecciones.
Finalmente, no entiendo, y esto es lo que más me preocupa, qué hace el PSOE de Pedro Sánchez buscando, por un lado, un pacto con Podemos e Izquierda Unida, el voto a favor de PNV y la abstención de ERC y Convergencia, para lo que Miquel Iceta habla día sí y día también con los independentistas catalanes y les hemos cedido, incomprensiblemente Senadores para que tengan voz y subvención en la Cámara Baja. Lo que contraviene frontalmente la Resolución el Comité Federal que es vinculante para el Secretario General.
Pero por otro lado, también buscando un pacto con Ciudadanos y la abstención el PP, para lo que se reúnen en secreto grandes popes del PSOE y de los populares, algo que vienen contando diversos periodistas desde hace semanas. Algo que también contraviene frontalmente la Resolución del Comité Federal que dijo que con el PP no pactaríamos, pero que además, choca con el discurso tajante de Pedro Sánchez de no querer saber nada de la bancada popular, con o sin Rajoy.
La impresión que puede tener un observador neutral es que Sánchez quiere formar gobierno con quien sea, pactando con cualquier partido y a cambio de lo que sea menester, y esto, por decirlo de una manera suave, es tremendamente dañino para el PSOE, tanto si tenemos que afrontar la repetición de elecciones en junio, como si, después de un efímero paso por el Gobierno, tenemos que volver a concurrir electoralmente en poco más de un año. Por el bien de nuestras más que centenarias siglas, sería conveniente que nuestro amado líder dejara el billar a tres bandas y se concentrara en pensar lo mejor tanto para España como para el PSOE, que normalmente, es coincidente.
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