Convendrán conmigo que vivir en una gran ciudad como Madrid, Barcelona o Valencia y sus ciudades dormitorios, eleva las posibilidades de contraer el coronavirus. Y convendrán conmigo que los grandes hospitales de estas grandes urbes están completamente desbordados, con sus UCIs trabajando muy por encima de sus posibilidades, con sus mayores muriendo en las Residencias porque no hay donde ingresarlas y hay que economizar los escasos recursos para utilizarlos en quienes tienen mejor pronóstico para aprovecharlos.
Si convienen conmigo estas dos cosas, hay que comprender que en los pueblos, tanto del interior como de costa, tengan miedo de recibir visitantes, potencialmente portadores del mortal enemigo y se protejan de nosotros con barreras de tierra, bloques de hormigón, controles policiales y todo lo que se les ocurra para que no lleguemos a nuestras segundas viviendas.
Hasta aquí lo políticamente correcto, lo consensuado socialmente pero, ahora voy a mirar esta misma situación con otros ojos, con los de quien cada año paga el IBI de esa segunda vivienda, y el impuesto de basuras y el del agua y el de gestión de residuos. Con los ojos de quienes cada año nos comemos quilométricas retenciones para llegar a ese oasis que pagamos con gran sacrificio y en el que nos gastamos generosamente lo poco que nos sobra.
¿Somos muy buenos los de ciudad cuando nos dejamos los jurdeles en vacaciones, pero somos lo peor cuando preferimos pasar el encierro en un apartamento con terraza, en un chalé con un poquito de terreno, en una casita con piscina, en lugar de un piso colmena, en un bajo sin patio ni balcón, en unos pocos de metros con ventanas a un patio interior?7
¿Somos geniales los turistas cuando regamos los comercios, los bares, los hoteles, los clubs de buceo gastándonos hasta lo que no tenemos, pero somos el diablo cuando pretendemos sacar a nuestros mayores del foco de contagio, de una muerte segura y ponerlos a salvo donde apenas hay casos, donde la Sanidad no está desbordada, donde igual, caso de enfermar, haya una UCI para ellos y no como aquí, con instrucciones claras de olvidarse de los mayores de 80 aunque estén sanos y de los mayores de 65 pluripatológicos?
Os pondré un ejemplo personal. La semana anterior a la promulgación del Estado de Alarma, comenté en el grupo familiar que igual no nos daba tiempo de llevar a mi abuela (92 años) a su residencia habitual en Don Benito (Badajoz) Mi abuela estaba pasando unos días en mi bajo, sin patio, ni balcón, de apenas 60 metros cuadrados porque mi madre, con la que acostumbra a pasar el invierno en Madrid, había tenido que viajar a Tenerife, que operaban a mi hermana de una catarata prematura.
En mi inocencia, pensé que mi abuela estaría mucho mejor en su casa del pueblo, grande, con dos buenos balcones, de la que no tiene que salir porque le pueden acercar la compra a casa, su hermana y cuñado, que viven abajo y donde apenas había casos, que en la mía, conviviendo conmigo que cada día tenía que ir a trabajar a mi clínica dental en Valdemoro, a 150 metros del Centro de Mayores donde se dio el mayor foco de contagio y con mi marido, que visita Estancos abiertos porque se ha considerado que el tabaco es un bien de primera necesidad, sic.
No me dio tiempo porque ese mismo fin de semana que yo pensaba acercarla al pueblo se decretó el Estado de Alarma y aquí nos quedamos los tres. La Guardia Civil me hubiera multado si me pilla trasladándola a su casa, a su vivienda habitual, a su residencia y en el pueblo no hubiéramos sido bien recibidos porque podíamos portar el virus, otra cosa es cuando vamos a comprar jamón, aceite o a llenar el maletero de frutas y verduras, ahí si nos quieren más. Así que aquí la tenemos, sin salir a la calle, perdiendo movilidad al no poder casi andar por la escasez de espacio y estando expuesta a que alguno de nosotros traiga el virus consigo cuando salga a la compra o al curro, insisto, ambos con profesiones de las que el Gobierno no ha prohibido. ¿Es realmente eso mejor para ella? No lo creo.
No sé si somos muy egoístas los de las grandes ciudades que pretendemos pasar el confinamiento mejor, más cómodos, o poniendo a nuestras familias a salvo o lo son los de los pueblos que piensan que el problema es de otros y que nos jodan si nuestras casas son zulos o nuestros hospitales están desbordados . No lo sé, solo sé que todo en esta vida es según el color del cristal con que se mira. Y que cada uno se acuerda de Santa Bárbara cuando truena.

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